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EL TEMOR DE LAS MASCARILLAS

El síndrome de la cara vacía


El síndrome de la cara vacía se define como el sentimiento de inseguridad de algunas personas a la hora de quitarse la mascarilla. Un síndrome que se ha manifestado especialmente en la población adolescente. Desprenderse de la mascarilla está suponiendo un problema para muchos jóvenes en la que está medida, además de ser una barrera frente a la Covid, se ha convertido en una barrera para ocultar problemas de autoestima e inseguridades.


La mascarilla se ha convertido para muchos adolescentes en una aliada para cubrir ciertos cambios físicos como el acné, el vello corporal o la ortodoncia o aspectos físicos de su rostro con los que no se sienten cómodos como, por ejemplo, los dientes, nariz o boca.


De por sí, la adolescencia es una etapa de cambios físicos y psicológicos donde están construyendo su identidad y aparecen muchas inseguridades sobre la imagen corporal.

Pero la mascarilla no solo ha potenciado ocultar los cambios físicos, también ha favorecido esconder las emociones. Para algunos de ellos, la mascarilla ha supuesto una forma de afrontar situaciones sociales más complicadas o tensas, como, por ejemplo, exponer en clase y ponerse colorado. La mascarilla ha servido de protección evitando que su estado emocional o anímico sea evidente para el resto.


Algunos estudios refieren que el uso mantenido de mascarilla pueda ser más frecuente entre aquellos adolescentes más inseguros tanto a nivel físico como emocional, adolescentes con la autoestima baja o estados anímicos más bajos, con dificultades sociales o dificultades para expresar emociones. Es importante que como adultos estemos pendientes de estos comportamientos para poder intervenir si así lo requiriera el adolescente. Es importante no forzar al adolescente a quitarse la mascarilla.


¿Cómo podemos ayudarles?


Es importante que se tomen su tiempo y que incluso pueda llegar a ser un cambio progresivo. Hay que ayudar al adolescente a acostumbrarse a estar sin mascarilla, para ello puede empezar en entornos más cercanos y cómodos, en donde pueda sentirse a gusto y no juzgado por el resto. Esto poco a poco irá haciendo que se pueda generalizar a otros contextos donde pueda haber gente desconocida o gente de su misma edad. Si el miedo a ser evaluado por el resto persiste, sería importante acudir a expertos para poder realizar una valoración y si hiciera falta una intervención psicológica para ayudar al adolescente con las dificultades que tenga.

Para enfrentarse al miedo de exponerse sin mascarilla, tienen que ir aprendiendo a aceptarse y quererse. Para ello es importante que no se hagan comentarios sobre aquellos aspectos que le producen inseguridades y se les refuerce positivamente.




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